Porque el campo tiene su modo.
Distinto, simple y derecho.
La charla en la tranquera, la mirada al lote, el ojo que calcula sin sacar el metro. Así se aprendió: mirando, errando y volviendo a hacer. Difícil de copiar, pero firme para competir con cualquiera.
Este blog sale de una costumbre vieja: mirar, pensar y quedarse con lo que pasa.
Yo nomás lo escribo.
No es un portal de noticias ni un lugar para salir a aplicar recetas.
Es un rincón para dejar registro de lo que pasa en el suelo, en los animales y en la cabeza de quienes los trabajan.
Acá se mezcla la técnica con la palabra, porque en el campo no se decide solo con números: también con intuición, con memoria y con eso que todavía no se ve, pero se siente.
Escribo acá porque este formato deja tiempo, y el campo necesita eso: tiempo y perspectiva.
Cada escrito busca acompañar al productor en sus pausas.
Lecturas cortas, de menos de cinco minutos. Con lenguaje claro, del lugar.
