Agro-inversiones

Después de volver de sus vacaciones, Sebastián, un administrativo de 37 años, decide dar el siguiente paso para aprovechar mejor sus ingresos económicos.

Salir del monótono plazo fijo para entrar en algo más interesante, algo más vivo. Una inversión rápida y segura, donde cada peso invertido lo acercara a un auto nuevo, sin exigirle demasiado tiempo ni complicaciones.


Eleccion heredada

La opción era clara: apostar al campo, un sector reconocido socialmente y cercano a su historia familiar. Además, el agro cuenta con una cantidad de personas que, en sus comienzos, eran más bien pobres,  sin embargo, hoy son “señores” gracias a la riqueza que, según se decía, siempre brindaba el campo.

De por sí el sector rural siempre fue una opción, por intuición o herencia, siempre el campo fue lo seguro.

Soltero, sin más responsabilidades familiares que un labrador de ojos claros, decide asesorarse para iniciar este nuevo camino de la capitalización.

El momento justo

Saliéndose de su costumbre de investigar con el pulgar dentro del celu, buscó asesoramiento en un estudio de consultoría agropecuaria.

Es el momento justo, comento el asesor, los números son positivos tanto para la agricultura como para la ganadería.

Eso sí, cada actividad posee una rentabilidad y una velocidad diferente…

Sebastián escuchó la primera parte del discurso, porque las palabras eran parecidas a lo que ya había visto en las redes sociales.

Su imaginación, en cambio, le contaba y mostraba como sería su vida con la próxima decisión económica.


Las opciones del campo

Ganadero y terrateniente

Mirando el lomo del celular pensaba quien sería Él luego de un par de años.

Podría ser ese productor ganadero, prolijo y de buen porte, que impone respeto y tranquilidad,

Podría ser ese que aguanta los antojos del clima,

Ser quien sabe como hacer para asegurar la mayor cantidad de comida en los platos de las diferentes familias.

De productor novato a cosecha record

La palabra “motor” se atravesó sobre los novillos imaginarios. Se dió cuenta que el motor económico del país, es la agricultura, no las vacas. Repensando las opciones se  imaginó una foto de Él en una de esas revistas de campo.

En la foto junto a la nota de la revista, se encontraba Sebastian sobre un maíz espectacular, y un poco más arriba un dron, del tamaño de un chancho, sobrevolando el cultivo.


Decisiones

La decisión no era sencilla. La soja le ofrecía rapidez y tecnología, sus números eran mejores, aunque el riesgo un poco mayor. Los novillos le ofrecían estabilidad y jerarquía, pero lo obligaban a esperar y a comprometerse, a depender de una infraestructura y manejo que no disponía.

La imagen de innovador tecnológico, proveedor de alimentos y de rápido crecimiento económico, lo convencieron de optar por agricultura.

Navegar en el mar de soja

Así fue que decidió sumergirse en la inmensidad pampeana, aunque inicialmente se mojó los pies alquilando unas  75 hectáreas en la zona de donde era originario su abuelo.

El lote… bien,

La pulverización, acorde.

La semilla, era la que más rendía según los análisis del año anterior.

El ferti, lo necesario para un rinde aceptable.

Los trabajos los realizaba un colono que resultó ser el nieto de un viejo vecino del abuelo.

Todo marcha según lo previsto, hasta que una sequía de más de cincuenta días, hicieron que la foto del cultivo no fuera vista por nadie.

Los continuos nacimientos de diferentes malezas, inmunes a la falta de agua, se llevaron los ahorros de 15 años.

El campo es así

El comentario alentador del contratista le permitió juntar coraje y seguir adelante.

—El próximo año es el bueno, nunca se dá seca dos años seguidos, segui segui, que a los trabajos lo vamos cancelando a medida que se cosecha.

La necesidad de que ver un poco de plata, lo convencieron de hacer cultivo de invierno. Con menos fertilizante y con una semilla prestada, encaro la nueva campaña.


El colono tenía razón

El qué realizaba los trabajos tenía razón, era raro que la seca se repitiera dos años consecutivos. Lamentablemente la lluvia llego con bronca y se llovió en tres días lo mismo que en medio año, y a la semana volvió a llover tanto como para que el sol no se hiciera presente por unos 20-25 días.

El cultivo de invierno con fertilizante fiado y semilla prestada, se convirtió en una foto sepia con la imagen de brotes apenas asomados, que sin luz y sin oxígeno se convirtieron en un cementerio vegetal, propio del ciclo normal de la naturaleza.

Al finalizar la campaña, el colono se hizo cargo de las dos o tres deudas agrícolas de esa aventura económica, al mismo tiempo que heredaba un lote más y que pasaba a formar parte de su rutina productiva.


Fin de campaña

Con una realidad imposible de discutir, Sebastian entendió que el campo no fabrica ricos, aunque acepta riesgos y compensa a los que logran permanecer.

Para poder salir de este emprendimiento productivo, pidió un adelanto en su trabajo para cancelar la pequeña cuenta que había generado en la estación de servicio de ese pueblo. Adelanto que le costó una mudanza de departamento por uno más pequeño y que no recibía animales.

Imagen: pexels-nathan-k

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