¿Cómo se reponen las que se van?
Desafío Actual
La ganadería a full y buenos precios apuran para que se noten los resultados positivos y obligan a meter velocidad.
Antes el crecimiento del rodeo se daba solo; hoy se lo empuja.
Es el desafío actual, producir rápido evitando la ansiedad de ver “ya” los terneros en el campo.
Las ventas continúas de los vientres junto con el lento proceso de reconstrucción ganadera, genera las condiciones para que la oferta siga siendo escasa y los precios permanezcan altos.
El suelo que vuelve a la vaca
De sobrevivir al boom de la soja la actividad ganadera recupera superficie paulatinamente desde el 2015. Hoy con una demanda externa constante y creciente el escenario parece ideal.
Pero ojo: la cría sigue siendo lenta y la adquisición de vientres preñados es una alternativa… y un problema.
Atentos a esta situación muchos no se arriesgan y optan por seguir recriando.
Entonces:
¿Cómo se reponen las que se van?

La compra de preñadas nos da velocidad y un retorno rápido de lo invertido, mientras que la recría propia necesita paciencia y estructura.
La decisión, además de técnica, puede ser financiera o productiva y varía según el gusto u objetivo de la empresa.
La elección del “como” también refleja el estilo y los objetivos.
Dos caminos posibles
Una reposición agresiva demanda velocidad y eficiencia: comprar vaquillas preñadas es asegurar resultados inmediatos y homogeneidad en el rodeo, aunque implique un desembolso fuerte y mayor dependencia de protocolos sanitarios.
Este manejo asegura un retorno rápido, logra objetivos a corto plazo y provee resultados fácilmente medibles.
En cambio, un manejo cauteloso apuesta por la reposición propia, con un esquema más rústico y económico.
Acá la sanidad se controla con prácticas simples, los animales se adaptan mejor al ambiente y el rodeo se construye con paciencia, como parte del patrimonio del campo pero ambicionando uno mejor.
Con las vaquillas preñadas se busca un resultado económico, mientras que con la reposición se construye un rodeo y el resultado se lo ve mañana.
Vaquillas preñadas
La compra de vaquillas preñadas necesita un desembolso económico fuerte que inmoviliza el capital por un tiempo prolongado.
Pero más allá del costo, hay otros factores a tener en cuenta:
Con la incorporación de vientres preñados, se gana tiempo y se adquiere genética. No hay que olvidar que la recría se delega, como también el servicio y la sanidad.
Esta simplificación del manejo tiene un costo aproximado de 1.6 a 2 terneras – comparación gruesa-, aunque las que tienen buena genética y preñeces homogéneas logran valorarse mucho más.
La homogeneidad y el tiempo de la preñez junto con el origen de las vaquillas aportan un plus al valor de compra.
El precio no es lo único a considerar, si bien es condición poco ignorable, el campo debe estar preparado para recibir una categoría exigente.
Inconvenientes de la compra de vacas preñadas
La incorporación de esta categoría en un establecimiento puede traer problemas y riesgos como: ingreso de enfermedades, abortos por traslado y mayor riesgo de distocia.
Si el objetivo es mejorar genética, la clave es comprar en establecimientos de confianza de la zona, con rodeos probados en el mismo ambiente.
Reposición propia
Guardarse la reposición conlleva un menor desembolso económico.
Los problemas de sanidad disminuyen y están más controlados.
Esto permite el crecimiento y desarrollo del futuro vientre en un ambiente conocido y adaptado al sistema.
El manejo es más simple: forraje, antiparasitarios y vacunas obligatorias.
Se invierte poco y de a poco; permitiendo tener mejor control del flujo de caja. Pero el retorno y beneficios se hacen esperar un año más.
Aunque no solo es ahorrar plata y paciencia, la repo necesita estructura y planificación.
Son animales jóvenes, todavía en desarrollo, y necesitan lotes de calidad. Forraje nutricionalmente adecuado y alambrados en condiciones para evitar cruces de hacienda.
Dejar mas para poder elejir
Conviene reservar un número mayor de vaquillas de las necesarias para descartarlas recién en la última etapa.
Normalmente la selección es fenotípica y muchas veces la vaquilla que se destaca por “linda” no cumple con otros requisitos.
Pueden, por ejemplo, ser lentas y presentar atraso de la pubertad (vaquillas tardías) descartándoselas recién en el tacto, o bien se las perdona porque es “nueva”, perdiendo desde el inicio una posible cría.
Lo que se mira en una repocision
Podemos decir que el 50% de la cría son hembras, pero no todas sirven como futuras madres.
Las cabezas de parición son, inicialmente, las primeras seleccionadas para luego observar que tengan:
- Buen peso relativo a la edad del animal.
- Buenas patas y aplomos firmes.
- Desarrollo pélvico, para evitar distocia.
- Ubres bien formadas, sin pezones deformes.
- Precocidad sexual.
- Madres con intervalos cortos entre partos.
- Padres con facilidad de parto, fertilidad y rusticidad
Los que eligen recriar son
- Sistemas estables con rodeos firmes.
- Productores con manejo sanitario rústico y barato.
- Establecimientos chicos, donde el costo de flete desalienta la compra de vientres.
No hay que obviar que la decisión de comprar o de reponer muchas veces no la decide el precio del animal, ni el costo de un veterinario.
El valor del campo condiciona todo lo dicho:
Los sistemas con campo barato suelen recriar; mientras que
Los sistemas con campo caro buscan la velocidad y prefieren la compra de vientres, apuestan a la eficiencia y homogeneidad; pero con menos margen de error.
Conclucion
Entonces, comprar vaquillas preñadas o apostar por la reposición propia no depende solo de la futura madre, sino del estilo de manejo.
El enfoque agresivo busca velocidad y resultados inmediatos; el cauteloso apuesta a un rodeo sólido con paciencia.
Ambos caminos son válidos. Pero en ganadería, como en muchos negocios del campo, los resultados más firmes suelen ser los que se construyen despacio.
